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En Chetumal, a pocos metros de la bahía, al inicio de la avenida Hidalgo, se halla la maqueta "Luis Reinhardt McLiberty", donde se recrea en pequeño formato la antigua aldea de Payo Obispo, sus calles arenosas, sus palmas, sus casas de madera... una creación de la nostalgia donde no faltan los curvatos, esos tanques en los que se almacenaba agua de lluvia.
Esta historia comienza el 5 de mayo de 1898, cuando el teniente de la Armada de México Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres fundó Payo Obispo en los confines de un país que no tenía claras sus fronteras y estableció una aduana flotante para evitar la entrada de armas que, desde Belice, recibían los mayas rebeldes en contrabando con los ingleses. Aquel caserío, de estilo arquitectónico romántico inglés colonial, se fue poblando de comerciantes y aventureros que procedían de diferentes estados del país y naciones como Alemania, Irlanda, Italia, España, Guatemala, Honduras, Líbano... y Belice, de donde llegó un mexicano -refugiado de la Guerra de Castas- con una casa de madera que provocó admiración.
El pueblo creció con casas semejantes y una población cosmopolita. En 1936, comenzó a llamarse Chetumal, como homenaje a la ciudad maya prehispánica erigida siglos atrás en la misma región con el nombre de Chactemal; y fue un colorido pueblo que separaba a México de Centroamérica con una economía maderera, chiclera y comercial.
En 1985, Luis Reinhardt McLiberty hizo la primera versión de la maqueta, que fue transformando con el apoyo de investigadores y artesanos. La versión definitiva fue elaborada por especialistas de la Secretaría de Cultura con el apoyo de estudiantes del Centro de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios 214, de Chetumal.
Esta maqueta, atractivo para todo turista que llega al sur y para los propios habitantes de Chetumal, cuenta con 185 casas de madera a escala de 1: 25, 16 carretas, 100 maceteros, 83 matas de plátano, 35 árboles de chit y 150 personas (como los "enanos" en la historia de Gulliver) y puede ser contemplada, por cuatro partes, desde un andador periférico.
Como en un pequeño país de fantasía, pueden verse algunos barcos anclados en el mar, las plantas espigadas en los patios, las arenosas calles, los porches adornados con artesanales balaustradas, los anexados curvatos... con el mismo cromatismo que tuvo esta ciudad y que actualmente desea mantener como un sello inconfundible y auténtico del Caribe mexicano. |