En Cultura Siempre Hacia Delante

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Círculo de Lectura para Niños
“EL gallo puesto en hora”

 

 

 Cancún-14/01/2010.- La Biblioteca Pública Casa de la Cultura de Cancún, invita a niños de 6 a 13 años de edad, el sábado 16 de enero a las 10 de la mañana, al círculo de lectura con el cuento “EL gallo puesto en hora” de la autoría de Medardo Fraile.

Como ya es costumbre, la bibliotecaria, señora Isabel Flota Medrano acompañada de Jerónima López Gómez nos adelanta que “El pueblo era un cinturón de ruinas alrededor de una plaza”.

“Más allá de las ruinas había eras y algún huerto pequeño y se sacudían las moscas una mula vieja y un borrico escuálido”.

“Lejos, se veía la siluete de una montaña, en la que había pastoreo. La llamaban por eso La Pastora, aunque otros creían que era por su forma: la una zagala con sombrero sentada en una roca”.
“Si el calor no apretaba, los grajos se apoderaban de loa aires graznando y apenas había otro ruido en el pueblo que el que hacían ellos”.
“¿Y la Plaza? La plaza era otra cosa. Cabían en ella, incluida la Pelagia, que era gordísima, hasta sesenta vecinos sin tener que apiñarse pero a sesenta vecinos no llegaban”.

“La plaza tenía una torre _la del Ayuntamiento_ que medía veinticuatro metros de alta, sin contar la veleta con su gallo en la punta, que estaba parada y señalaba al sur, porque hacía medio siglo o más le había dado un mal aire que venía del norte. La puerta de la torre era corriente, con gatera y todo, pero en el dintel sobresalía un escudo borroso de polvo y palomina que, en el centro tenía un niño sentado rascándose un pie, a la izquierda tres lobas, una encima de otra, formando tres pisos y, a la derecha, una mano de hombre. (El rey de armas o heraldo lo diría así: tres lobas pasantes de sable puestas en palo, una mano de carnación y en el escusón, al natural sedante, un niño con las piernas cruzadas rascándose un pie)”.

“Ese blasón, que no entendía nadie era el mayor orgullo del pueblo, que, a pesar de su insignificancia, tenía, por su escudo, un nombre compuesto: Loberas de Cuchimano (del niño no se decía nada)”.

“En la torre, a la izquierda, más baja que el escudo, había una hornacina con el santo patrón, San Cipriano, Orlado de flores descoloridas de trapo. La imagen, decapitada, llevaba en la mano derecha su cabeza y, en la otra, la palma del martirio, debajo del santo, una inscripción piadosa, casi borrada por el tiempo, decía:
¿Oh, glorioso san Ciprino
de la cabeza en la mano,
protégenos del daño
de no pensar todo el año!”

Leer este libro es como encontrar una botella que lanzada al mar su contenido encierra aventuras y secretos que te llevarán por todas las épocas y rincones del mundo y te descubrirá experiencias que sólo la lectura puede brindar.

El autor de este cuento, Medardo Fraile, Madrid, 13 de marzo de 1925, es un escritor español a menudo adscrito a la llamada "generación del medio siglo" y uno de los principales exponentes del cuento español de la segunda mitad del siglo XX. Ha publicado también teatro, novela, ensayo y crítica literaria.

Pasa su infancia en Madrid y Úbeda, de donde era su familia y que aparece en algunos de sus relatos como Beuda. Durante su época estudiantil, participó en la fundación de "Arte Nuevo", primer grupo de teatro de ensayo de España tras la guerra civil, junto con Alfonso Sastre y Alfonso Paso, pero abandonó el teatro para dedicarse a la narrativa. Siempre se encontró más cómodo en el relato breve, género en el que, junto a Ignacio Aldecoa y Francisco García Pavón, es uno de los máximos exponentes de la literatura española del siglo XX, a pesar del escaso prestigio que este género tenía en España (escribió la novela Autobiografía, según sus propias palabras, para demostrar que sabía hacer novela y conseguir que le dejaran tranquilo).

Ha publicado más de un centenar de relatos breve, algunos de los cuales han sido incluidos en numerosas antologías del cuento español de posguerra. Entre sus premios principales se cuentan el Premio Nacional de la Crítica (1965, por Cuentos de verdad), el Sésamo, el de la Estafeta Literaria y la Hucha de Oro, además del Premio Ibáñez Fantoni de artículos periodísticos. Ha impartido cursos y conferencias en España, Portugal, Francia, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Desde 1964 vive en Escocia. Fue catedrático de español en la Universidad de Stralhclyde, Glasgow.

Sus relatos se caracterizan por su estilo sobrio y por su mínimo desarrollo argumental. Aunque predomina un enfoque realista, centrado en la recreación de ambientes y costumbres, está bastante alejado del estilo característico de la generación de los años 50, en la que suele incluírsele. Está dotado de una aguda capacidad de observación, un lirismo contenido y una ternura triste. Sus cuentos son a menudo cuadros magistrales de la vida diaria (véanse por ejemplo los recogidos en Con los días contados), en los que la reducción de la anécdota -que a veces se limita a recoger una escena o tipo- y la preferencia otorgada al lenguaje coloquial, son rasgos definitorios. En el prólogo al volumen que recoge sus cuentos completos, Ángel Zapata menciona su "estratégica, intensísima y pionera de construcción del relato tradicional". Algunos de los autores favoritos de Fraile, mencionados en algunas entrevistas, son Ramón Gómez de la Serna, Katherine Mansfield y Carson McCullers.

Su obra estuvo en el olvido durante un tiempo, en parte debido al escaso prestigio de que ha gozado el cuento en España, y en parte por su alejamiento físico de la vida literaria española desde los años 60. Ha sido reivindicado como maestro por varios cultivadores actuales del relato breve, como Ángel Zapata, Hipólito G. Navarro o Eloy Tizón.

 

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