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Círculo de Lectura para Niños
“Moby Dick”
Cancún-27/10/2009.-La Biblioteca de la Casa de la Cultura de Cancún invita a todos los peques a participar en la hora del cuento, el jueves 29 de Octubre a las 5 de la tarde con el cuento “Moby Dick” de Herman Melville.
Como ya es costumbre, la bibliotecaria, señora Isabel Flota Medrano, nos adelanta sobre este cuento que: “Llámame Ismael. Hace algunos años, encontrándome con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y sin nada de particular que me retuviera en tierra, decidí embarcarme como simple marinero raso, de esos que viven en lo mas profundo del castillo de proa que gatean los mástiles cuando la maniobra lo requiere”.
“Había salido de Manhattan -Nueva York- llevando bajo el brazo un maletín con mis escasas pertenencias y me dirigí a Nuevo Bedford a finales de diciembre. El paquebote de Nantucket había zarpado y como hasta el lunes no había otro, tuve que buscar posada. Camine por las tristes callejuelas que conducían hacia el mar cuando descubrí una puerta por la que salía un haz de luz, me introduje en ella. Había encima de esa puerta una muestra en la que se leía: “Posada de la Tromba-Pedro Coffin”.
“Pregunte por el posadero y me lo señalaron”.
“Le expuse lo que deseaba y me respondió que no tenía habitación libre, pero que podía compartirla con un arponero. Acepte y me anuncio que pronto me serviría la cena”.
“Éramos cinco los que nos reuníamos a cenar. Pregunte por el arponero y observe que cruzaban entre ellos miradas curiosas, antes que me respondieran:
-No tardara en llegar”.
“Yo empecé a pensar con desconfianza en aquel arponero”.
“No me gustaba dormir acompañado y menos con un desconocido.
Pero se hacia tarde, estaba cansado y le pregunte al posadero por mi cama. Abrió la puerta de una habitación y vi una cama bastante amplia. Hacia un frío terrible en aquel cuartucho, y tras alguna indecisión, decidí meterme en la cama. Al rato oí pasos y acto seguido la puerta se abrió.
Entro un hombre, ¡Santo Dios, que estatura y que cara! La llevaba totalmente tatuada y cuando se desvistió observe que tenía igual el dorso”.
-¿Qué tu? Yo mato si tu no hablar –me dijo”.
“Empecé a gritar y vino el posadero, que me tranquilizo. Queequeg, así se llamaba el individuo, era pacifico”.
“Al llegar el lunes, juntos y llevando nuestro equipaje en una carretilla, nos dirigimos al Moss el pequeño paquebote de Nantucket, anclado junto al muelle”… y sabes qué pasó.
¿Quieres Saberlo? Acudan este Jueves a la Biblioteca de la Casa de la Cultura de Cancún y te lo cuentan.
El autor de este cuento, Herman Melvilla, fue un novelista americano y una de las principales figuras de la historia de la literatura, Melville nació en Nueva York el 1 de agosto de 1819. A los diecinueve años, descartando la posibilidad de ir a la universidad, comenzó a embarcarse en viajes que inspiraron sus obras, pasando algún tiempo en las islas del Pacífico.
De regreso a Estados Unidos trabajó como profesor y en 1841 viajó a los Mares del Sur a bordo del ballenero "Acushnet". Tras 18 meses de travesía abandonó el barco en las Islas Marquesas y vivió un mes entre los caníbales. Escapó en un mercante australiano y desembarcó en Papeete (Tahití), donde pasó algún tiempo en prisión, antes de regresar a su hogar en 1844.
Escribió sus primeras novelas sobre su experiencia como marino. Al tema del mar corresponden sus obras Mardi (1849), Omoo (1847), Taipi, un edén caníbal (1846) y Redburn (1849), mientras que La chaqueta blanca (1850) relata sus experiencias en el ejército.
Sus primeras novelas alcanzaron rápidamente una gran popularidad y le abrieron las puertas de la fama y el éxito económico, pero un incendio en los talleres de su editor le ocasionó un revés económico que le obligó a trabajar en la aduana en Nueva York.
Después de sus múltiples viajes, decidió casarse y estableció su residencia en Massachusetts, donde cultivó la amistad con el escritor Nathaniel Hawthorne, a quien dedicó su obra maestra, Moby Dick (1851), en la cual orientó su producción literaria a reflexiones éticas y filosóficas que se manifestaron también en Pierre o las ambigüedades (1852), una oscura exploración alegórica sobre la naturaleza del mal. Moby Dick no resultó un éxito comercial y Pierre o las ambigüedades (1852) fue un estrepitoso fracaso.
El tema central de Moby Dick es el conflicto entre el capitán Acab, patrón del ballenero Pequod, y la gran ballena blanca que arrancó su pierna derecha a la altura de la rodilla. Acab, ávido de venganza, cegado por su monomanía, se lanza con toda su tripulación a una desesperada búsqueda de su enemigo. La obra sobrepasa en mucho la aventura y se convierte en una alegoría sobre el mal incomprensible representado por la ballena, un monstruo de las profundidades, que ataca y destruye lo que se pone en su camino, y también por el capitán Acab, que representa la maldad absurda y obstinada, que sostiene una venganza personal y arrastra a la muerte inútil a muchos inocentes. La profundidad psicológica, que fue más evidente en esta obra, comenzó a emerger en Mardi (1849) y en La chaqueta blanca (1850).
La poca comprensión de su público hacia Pierre o las ambigüedades (1852) produjo el descenso de las ventas de sus obras. No obstante, Melville continuó el proceso de creación y decantación de su estilo literario. En este período publicó Israel Potter (1855); el libro de relatos Cuentos de Piazza (1856), en el que se incluyen algunos de los mejores cuentos de Melville como Benito Cereno y Bartleby el escribiente; El hombre de confianza; Timoleón; Los cuentos del mirador; John Marr y otros marinos y Billy Budd, marinero (1891), obra que que le abrió de nuevo las puertas del mercado y le permitió publicar otros escritos inéditos como Diario de una visita a Europa, Mediterráneo oriental, La novia del manzano, Diario de una visita a Londres, Fin del continente, Diario de más allá de los estrechos y Cartas.
Su exploración de los temas psicológicos y metafísicos influyó en las preocupaciones literarias del siglo XX, a pesar de que sus obras permanecieron en un olvido relativo hasta la década de 1920, cuando su genio recibió finalmente el reconocimiento que merecía.
Su muerte, el 28 de septiembre de 1891, pasó virtualmente desapercibida. Fue enterrado en un cementerio de la parte norte del Bronx.
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